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Un hotel en casa

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¿Por qué siempre que viajamos a hoteles tenemos la impresión de que descansamos mejor que en casa? ¿y esa tonta sensación de bienestar al despertar entre ropa de cama blanca que huele a limpio sobre limpio qué, eh?

Una parte seguramente se la lleva la parte emocional: nuestro cerebro relaciona una habitación de hotel con una ciudad diferente a la tuya y eso se traduce, en mayor medida, a un periodo vacacional. Pero la parte racional tiene una explicación racional: porque cuidan de nosotros.

Los hoteles cuidan de que nuestra estancia no se limite solo a dormir. Los hoteles buscan que dormir sea solo una parte de la experiencia global de todo lo que pasa entre el check-in y el check-out. La amabilidad y el «buenos días» del personal que suena a café y magdalenas. La disposición, el orden y la sencillez del espacio. La armonía cromática y el equilibrio entre las paredes y el mobiliario. Las fragancias personalizadas que evocan otra época de tu vida. O ese guiño al pasado —los clásicos siempre serán modernos, dice la letra de «Nunca ganaremos el mundial» de La Habitación Roja— de los hoteles que aún mantienen el hilo musical en sus habitaciones. Todo está dispuesto para que todo salga bien.

Y entre todos esos beneficios dispuestos al servicio del cliente destaca uno por encima del resto: el elemento principal de un dormitorio; el colchón. El colchón y las almohadas. Rentabilizar cada minuto de sueño y maximizar la sensación de descanso es la premisa fundamental de un buen hotel. Y eso se consigue a través de fabricantes no solo de productos de descanso, sino de fabricantes comprometidos también con el buen dormir.

Si nos aplicamos las reglas de descanso que aplican los hoteles en sus habitaciones, ¿por qué no recrear una habitación de hotel en casa y mantener así un romance con el buen dormir los 365 días del año?

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