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Cuando todo esto pase

¿Cuántas veces nos hemos dicho en lo que llevamos de confinamiento «cuando todo esto pase voy a hacer esto» o «cuando todo esto pase voy a hacer lo otro»?

A medida que han ido pasando los días, desde el pasado 14 de marzo, seguramente ha ido variando la lista de quehaceres. Lo que en un principio proyectábamos hacer con toda la ilusión, y de manera casi vengativa a la privación de salida, se ha ido diluyendo como un azucarillo con el
paso del tiempo.

Quizá, al principio, empezábamos premiándonos con un «pienso ir a un restaurante caro y comer marisco hasta que me salga por las orejas». O pensar en viajar en primera clase el próximo vuelo. O comprar el último modelo de smartphone con muchos gigabyte de memoria. Ejemplos como
estos a montón.

Pero ha ido pasando el tiempo. La idea de estar encerrado viendo series y películas en Netflix y Amazon Prime ya no nos seduce tanto como al principio. «Teletrabajar —si se puede— está bien, pero la pausa del café en el trabajo con los compañeros…» nos decimos a nosotros mismos. Y con el tiempo también ha cambiado nuestra escala de valores. Seguramente ya pensamos que nos podemos apañar perfectamente con el móvil que tenemos, que para qué cambiarlo si funciona. Que lo de viajar en primera clase es de horteras y que cambiamos la mariscada por unas cervezas con los amigos a ojos cerrados pero ya.

Hemos pasado de querer tener lo que nunca hemos tenido a valorar y echar de menos lo que siempre hemos tenido y no nos hemos dado cuenta. Y lo volveremos a tener, eso seguro, pero lo miraremos todo con otros ojos. Descansar y dormir sin la incertidumbre del Covid—19, salir a la calle a pisar charcos y un abrazo con los nuestros será lo que siempre querremos tener por encima de cualquier otra cosa. Cuando todo esto pase saldremos juntos a pasear.

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